martes, 23 de agosto de 2011

Capítulo 7

Cuando volvía a casa aún no podía creer que había hablado con Christian. Me sentía eufórica, nada podía arruinarme el día.
Nada más cerrar la puerta de mi habitación sonó el timbre. Luke quería quedarse a cenar en mi casa porque sus padres estaban discutiendo otra vez. Los padres de Lucas eran bastante mayores y no se preocupaban en absoluto por su hijo. Él, en vez de rebelarse, hacerse pandillero y drogarse, como la mayoría de los jóvenes del barrio, decidió estudiar y pasar de sus padres, que para lo único que hablaban con su hijo era para gritarle que no servía para nada.
Él venía a mi casa casi todas las tardes, y la pasábamos juntos estudiando y viendo películas. Luke hacía todo lo posible para volver tarde a casa o si a veces era posible, quedarse a dormir. Sus padres nunca preguntaban dónde iba o de dónde venía, sólo se aseguraban de que no les cogiera dinero de sus carteras (cosa que nunca hizo). Sin duda, los padres de Luke no se preocupaban en absoluto de él, no lo conocían ni como hijo ni como persona. Pero él ya estaba acostumbrado. Las peleas de sus padres se convirtieron en su día a día; su padre rompía cosas, su madre gritaba y lloraba, y luego se reconciliaban con una sesión de sexo desenfrenado. Luke ha pillado más de una vez a su padre cerca de un prostíbulo y a su madre borracha tirada en la calle. Él siempre me dijo que si se quedaba huérfano sería una de las mejores cosas que podía pasarle. Estaba harto de oír gritos, primero de odio, y luego de placer. Todos los días, como un bucle infinito y sin salida.
Mis padres conocían su situación, y le apoyaban todo lo que podían. Por eso para ellos era como otro hijo, al que querían y cuidaban, y del que se preocupaban como uno más de la familia.
Yo no podía hacer otra cosa que escucharle y consolarle, y luego él sonreía, me abrazaba, y cambiaba de tema como si no hubiera pasado nada. Era Luke, era mi amigo, y yo habría dado mi vida por él.
Le conté que había hablado con el chico de los ojos azules, y también la idea que tenía en la cabeza. El pensó que a lo mejor no salía bien, pero luego la aprobó y me dio todo su apoyo.

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