miércoles, 17 de agosto de 2011

Capítulo 5

Cuando cumplí los catorce, tuve mi primer novio. No era nada serio en absoluto, pero me gustaba, y era un chico muy atento. Íbamos a la misma clase, y pasamos momentos muy divertidos juntos, pero no duramos más de tres meses.
Los primeros amores, hija, son un poco extraños, agitados como un barco zozobrante, imprecisos y inexactos, pero eso es lo que los hace hermosos.
A los pocos meses conocí a un chico en una discoteca de mi barrio. Sí cariño, tu madre iba a discotecas cuando era joven, y eso que no me gustaban. Sitios ruidosos y oscuros, llenos de humo, rodeados de gente borracha. La música era escandalosa e incitaba al roce, cosa que a mí me parecía repulsiva y ofensiva. Por eso prefería no salir de casa o irme con Luke y su primo Jose o nuestros amigos en común, con los que me sentía como uno más y con los que hablaba de cualquier tema, incluso les recomendaba chicas a los más desesperados.
Fueron tiempos de cambios, no solo hormonales sino también psicológicos, en los que un día estaba colada por uno y a la semana siguiente lo odiaba.
Esto causó un poco de tensión en mi casa. Mi padre quería prohibirme salir con ellos porque era la única chica y siempre ha sido muy desconfiado, pero mi madre me ayudaba ya que ella de joven era incluso peor que yo, por lo que tengo entendido.
Después de salir un par de días con ese chico que conocí en la discoteca, decidí olvidarlo ya que como suele pasar con los ligues de una noche, éstos nunca quieren nada serio, y muchas veces recurren a la mentira y el engaño para hacernos caer en sus trampas.
Desde entonces, hasta casi los diecisiete, no volví a tener un novio serio. Pero mi barrio era un lugar pobre, lleno de camellos y drogadictos, de mala gente que vivía de la noche, así que no me gustaba salir demasiado si no era acompañada de mis amigos, todos chicos, y así me sentía como una reina custodiada por sus guardaespaldas.

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